Al llegar alli casi no había cola en la entrada, no obstante, nos hicieron esperar un buen rato mientras los guardas cuchicheaban y finalmente nos preguntaron sí estábamos en alguna lista. Obviamente no. Preguntamos sí el local estaba lleno; nos dijeron que no pero que sin lista no se pasaba.
Señores míos, he acudido varias veces a ese local y jamás he tenido que estar en ninguna lista. Me pregunto sí no habría otra razón. Me pregunto sí el hecho de que varios de mis amigos fueran extranjeros, sudamericanos mayormente, o de que su orientación sexual no sea la tradicional, no habrá tenido nada que ver. Quizás la culpa fue de los chistes malos del pobre sevillano.
A veces me olvido de que sigo viviendo en un país de toros y coplas. Que más allá de mi burbuja social mis amigos serían etiquetados de sudacas y maricas. Que por mucho que hayamos avanzado, todavía nos queda un largo camino que recorrer hacia la verdadera tolerancia, entendiendo tolerancia como:
"el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. "
Sea cómo sea, pasamos una noche estupenda.
Y éste local, ya no está en MI lista.